viernes, 22 de octubre de 2010

Una noche de emergencia


Era una noche de guardia más. Jefferson encendió un cigarrillo para entrar en confianza, mientras me contaba el tiempo de servicio que llevaba en la Defensa Civil. El humo llegó a mi nariz pero no pude oler nada, porque perdí el sentido del olfato en un accidente. El humo hizo que tosiera levemente. De repente me di cuenta que dentro de la oficina había un letrero que decía “Prohibido fumar”, eso me desconcertó un poco, pero lo pasé por desapercibido., Me interesaba más conocer la trayectoria de Jefferson en la institución.



Él lleva 12 años como voluntario en la Defensa Civil. Desde sus 15 años viene experimentando un sin número de obstáculos para poder salvar vidas, “pues eso es lo que hacen los voluntarios que trabajamos como rescatistas”, asegura. Jefferson me aclaró que los que trabajan de voluntarios no reciben ninguna remuneración por su servicio, pero él desde hace algunos meses pasó a ser funcionario de esta institución, lo que permitió que su trabajo sea recompensado.

Un viernes por la noche, cuando todo mundo se alistaba para salir a alguna fiesta, y tomar alguna bebida alcohólica con los amigos de “pata”, como es de costumbre en esta ciudad. La oficina de la Defensa Civil queda justo en el anillo vial Abraham Calazacón y vía Quito, está entre dos bares-karaoke, el uno que justo queda en la primera planta se llama No Bar, y el otro al frente es Buho. Le pregunté a Jefferson que a qué hora dormían porque ya iba a ser la media noche, y él junto a Henry y Jhony estaban muy tranquilos revisando su facebook, comentando fotos entre ellos.
 Yo no sabía cómo era su trabajo, lo qué hacen todas las noches durante la guardia. Mis ojos se cerraban del sueño mientras estaba en la ventana escuchando las canciones que ponían en el karaoke de abajo. Jefferson se levantó de su sillón, y les dijo a sus compañeros “ahora quien va a poner la comida”…Entre carcajadas y empujones uno de ellos dijo que hoy le tocaba pagar a Jhony, me pareció como un juego de niños su actitud, pero muy gracioso.
 Ellos me dijeron que íbamos a ir a la terminal porque a esa hora los comedores ya no atendían, y el único lugar donde lo hacen las 24 horas era justo allí. Jefferson, quien era el mayor del grupo, bajó a sacar la camioneta del garaje para irnos. Los muchachos me aseguraron que esta noche no iba a poder dormir por los rugidos del león. ¿Cuál león?, pregunté un poco desconcertada, -ja ja ja- fue lo único que pude escuchar como respuesta.
Jefferson pitó desde la camioneta para que saliéramos. Henry se acercó a mi oído y me dijo que no iba a poder dormir porque Jefferson roncaba como león, “es por eso que le decimos lion”, aseguró.
Cuando estábamos dentro de la camioneta los muchachos empezaron a molestarse entre ellos, “pero, ¿quién es lion?”, dijeron en coro..., entonces Jefferson un poco serio me dijo que el roncaba por la noche, “ya lo sabía”, le contesté. Llegamos a la terminal y nos instalamos en uno de esos comedores que están ubicados en la vereda. La noche estaba fría, un poco nublada. Me crucé de brazos para ver si me podía calentar un poco.
 Ellos comenzaron a pedir sus platos, yo la verdad no tenía mucha hambre, pero comí de igual manera, ya que ellos muy amablemente me invitaron. Regresamos a la oficina y los muchachos al igual que yo estaban cansados. Entré a la habitación donde ellos dormían, y donde esa misma noche yo les haría compañía para experimentar una emergencia, y poder salvar vidas.
Cuando entré vi tres literas en un cuarto pequeño, me acomodé en una de ellas, para ser más precisa en la parte de arriba de una de ellas. Luego entró Henry, y se acostó en la parte de debajo de la litera en la que estaba. Él estaba moneando su celular, yo le tocaba su cabeza desde arriba de mi cama  para entrar en confianza. Luego los otros muchachos se acostaron también, cada uno en su cama.
Traté te acurrucarme para poder concebir el sueño, pero antes de que yo pudiera tener una cita con Morfeo, “el dios de los sueños”, empecé a escuchar lo que tanto me anunciaron –zzzz, zzzz, zzzz-, pero ni si quiera sus ronquidos eran coordinados, para poder imaginar que era música. Me di unas cuantas vueltas en la cama, pero no pude dormir. Me levanté, y en voz muy baja, casi como un susurro le dije a Jhony que si me podía prestar un pedazo de algodón para poder tapar mis oídos. Se levantó y sacó de una mochila el algodón, hice unas pequeñas bolitas, y me las puse en las orejas. Al fin pude dormir.
Eran las seis de la mañana, Jefferson se había levantado porque había recibido una llamada de emergencia. Todos nos levantamos presurosos, cada uno de ellos estaba listo. Revisaron sus cosas para ver si no se olvidaban nada. Atrás de la camioneta había una camilla, y dentro de la cabina estaba un cuello ortopédico, gasas, algodón, alcohol, vendas, todo lo que se necesitan para realizar curaciones.
Salimos en la camioneta a gran velocidad. La alarma comenzó a sonar para anunciar a la comunidad que había una emergencia. Llegamos al lugar de los hechos. Era  afuera de Servipagos. Una señora había perdido el conocimiento, pero cuando llegamos ya se encontraba estable. La policía había llegado antes que nosotros y la socorrieron. La mujer no se acordaba donde vivía, así que revisamos en su cartera y encontramos una factura de agua, donde estaba su dirección, y la fuimos a dejar a su casa.
Ya eran las siete de la mañana. Yo estaba totalmente agotada. Le dije a los muchachos que me pasaran dejando por mi casa, y que más tarde los venía a ver, porque necesitaba presenciar otra emergencia. Anocheció y fui de nuevo a la Defensa Civil, pero ni bien llegué, llamaron para avisar sobre un accidente en la entrada de la cooperativa Juan Eulogio.
 Bajamos desesperados para atender la emergencia. Esta vez fue más excitante la ida al lugar de los hechos. Había tráfico vehicular, la alarma de la defensa sonaba y los carros tenían que abrirse el paso para que llegáramos lo antes posible.
El carro accidentado era un bus de la cooperativa Panamericana, que se había chocado contra una moto. La Policía y el Cuerpo de Bomberos ya habían llegado antes que nosotros. El único herido era el conductor de la moto, y lo tenían en una camilla embarcado en la camioneta del cuerpo de bomberos. Los muchachos de la Defensa Civil  le dieron los primeros auxilios. La víctima estaba inconsciente. Tenía sangre en los brazos y en la cabeza, por las raspaduras que había sufrido tras impactarse contra el bus.
 Los pasajeros que iban en el transporte eran 27. Todos estaban dispersos entre el personal de la Policía, los Bomberos y la Defensa Civil. Se encontraban conmocionados y preocupados por el accidente. Uno de los pasajeros me contó que el conductor de la moto iba con una niña de ocho años, pero que antes que nosotros llegáramos un familiar se la había llevado. El testigo afirmó que la niña no sufrió mayores heridas, pues cayó antes de que la moto quedara debajo del bus.
 Después de que los chicos de la Defensa Civil le dieran los primeros auxilios al hombre, que no sabíamos cómo se llamaba, el personal del Cuerpo de Bomberos lo llevó a una casa de salud. La Policía se quedó en el lugar de los hechos para tomar el parte policial y llevar el bus y la moto al patio de retención vehicular. Los pasajeros del bus comenzaron a llamar a sus familiares para que vinieran a recogerlos en el lugar del accidente. Yo regresé junto con el personal de la Defensa Civil. Ellos no tenían que hacer nada más en aquel sitio. ¡Gracias a Dios no presencié una muerte! Solo quería ser testigo del trabajo de los rescatistas, que por cierto se dedican a esto porque les gusta socorrer a personas mal heridas para poder salvar sus vidas.

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