El paso de los años, había marcado en la vida de Ángel lo que a todos nos llega, la vejez. Esa etapa de la vida que muchas personas evitan, con tratamientos, con cirugías, en fin, al final a todos nos llega. Ángel, a sus 94 años, había recaído después de una tarde en familia en la casa de su hijo Bladimir.
Era una mañana del domingo. Toda la familia de Ángel decidió reunirse en la casa de Bladimir para almorzar. Ángel ya no podía caminar, se movilizaba en silla de ruedas. Eso sí, nunca perdió su carisma y felicidad a pesar de la discapacidad en la que se encontraba.
Lucho, él hijo mayor de Ángel, venía en un trooper con su esposa y sus tres hijos. En otro vehículo venía Ángel. Su otro hijo, Bladimir, lo traía junto a su madre y esposa. Llegaron a la casa. La madre de Patricia, la esposa de Bladimir, estaba esperándolos en la puerta. Todos bajaron enseguida para ayudar a la cabeza de la familia.

